Archivo de Noviembre de 2009

¿Calentamiento, que calentamiento?

Sábado, 28 de Noviembre de 2009

Nos montamos en la Wave para recorrer las noticias segando a diestro y siniestro. Nos es igual meterle a la manipulación de la información, a los supuestos contactos con extraterrestres o a la “identidad, venga de donde venga. Queremos nuestros derechos, y los queremos ya. Aunque cantemos canciones infantiles…semos peligrosos, advertidos quedan.

Ir Tirando: Enfriamos el calentamiento global.

¿Qué ven mis ojos?

Parece que la época de niños del ayer, de pequeñuelos del pasado, o de personas diminutas de los 70 y aún de los 80 ha vuelto. ¿Cuántos de vosotros os identificáis con ese grupo de gente? ¿Cuántos dedos hay levantados?

Voy observando últimamente como mi pasado, nuestro pasado vuelve. Ya lo comentamos hace unas semanas que ahora hay un grupo que le da por ponerse a cantar una canción de una serie de dibujos. Que más de uno de nosotros ha dicho alguna vez que una serie de las de entonces tenía un qué sé yo, para que negarlo… y que os vayáis a dormir si deciis lo contrario, que no sabéis de qué estáis hablando…

Escuchad atentamente, aunque mi voz no sea melodiosa.

Fuera excusas, nos están vendiendo nuestros recuerdos con calcetines que no me pongo de Naranjito, con el pijama del Dr. Slump… yo mismo me cuelgo imágenes de los Barbapapás en mi página de Facebook, la ropa que tengo es freake de cojones, y preparo la cama con sábanas de los duendes y las hadas…

Alguien se está forrando gracias a los recuerdos de nuestra infancia, posiblemente gente de nuestra generación, que se lavan los dientes y se enjuagan con Evian.  Como diría Flanders, vecinitos con mucha pastita.

Pero claro, aquellos niños que crecimos con Casimiro, los muppets, D’Artacan y otros referentes hoy seguimos consumiendo productos para peques y para adultos. Recordamos con añoranza momentos de nuestra infancia, que en cuanto podemos intentamos recuperar ya sea comprando una serie para nuestros hijos de las de antes o aprovechando una guerra de globos de agua de los chavales para sumarnos a la corriente y disfrutar como monos.

No somos más que niñitos infantes, todos llevamos dentro aquellos chavales pequeños y aunque sea mediante Visa en cuanto se apagan las luces, esperamos soñar con aquellos momentos en los que se encienden los recuerdos más inocentes. Ahhh! si pudiésemos elegir nuestros sueños…

¿Y que me ha dado hoy para explicar todo este sin sentido? Si no parece comunicar nada, hacedme un favor si se acuestan se la canto de nuevo …

 
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Me pareció ver un lindo corrupto

Sábado, 21 de Noviembre de 2009

¿Es la gripe A culpa de la magía negra? ¿O es quizás una Wave de Google? No lo sabemos, pero seguro que detras hay un corrupto o un intermediario, o incluso los dos a la vez.

A nuestros tripulantes les gustaría viajar a Marte, pero por ahora hay que conformarse con la versión rusa, un Gran Hermano de más de 500 días.

Nada se salva de nuestro filo, dentistas, corruptos, políticos, vacunas…

Ir Tirando: tamizamos la realidad.

Barcelona, 21 de noviembre de 2009
Creer o no creer, esa no es la cuestión.
Las creencias, benditas sean, son libres y se aceptan o no a gusto del consumidor según sus propios criterios e intuiciones, y a lo sumo podemos someterlas a un juicio de valor según su belleza y altura moral. Lo que no debemos hacer es negarlas o imponerlas. Sólo la cordura nos pide abandonarlas o elevarlas a la categoría de conocimiento cuando la evidencia contrastable no deja margen a la opinión.
Teoría de la evolución, teorías de la relatividades, teoría de las supercuerdas… pues eso teorías. No son más que creencias originales y creativas que apoyadas en ciertos indicios se hacen merecedoras de un estudio serio a la luz de la razón científica. Pero la razón científica es algo más que una idea genial apoyada por mil firmas nobles. Una idea no es razonable ni cierta por el mero hecho de oponerse a otra de carácter absurdo. Muchos sentirán vergüenza el día que leyendo tales tratados se den cuentan de que están oponiendo a lo indemostrable lo indemostrado en nombre de la ciencia.
La disyuntiva crédulo escéptico es una polaridad de fanáticos religiosos. La ciencia de antemano duda y si merece la pena observa, estudia, experimenta y ante la evidencia contrastable se apea de opiniones y acepta la verdad.
Si en esta tesitura, alguien inventase técnica o tecnología que permitiese esculpir las nubes. Y llenase el cielo de símbolos e imágenes religiosas. Media humanidad sería presa de una histeria de rodilla a tierra y rosario en mano mientras la otra media diría absurdeces sobre fenómenos atmosféricos, aberración psicológica de la percepción y psicosis por contagio. Pero el cien por cien serían victimas del avezado inventor cuyas buenas o peores intenciones no encontrarían oposición en un mundo polarizado en el fanatismo donde es más importante descalificar al contrario que a sus argumentos y la verdad es relativa respecto a la defensa de mis intereses y posiciones.
Y si me permiten un pequeño guiño-homenaje generacional. Si no quieres ser como ellos lee.

Barcelona, 21 de noviembre de 2009

Creer o no creer, esa no es la cuestión.

Las creencias, benditas sean, son libres y se aceptan o no a gusto del consumidor según sus propios criterios e intuiciones, y a lo sumo podemos someterlas a un juicio de valor según su belleza y altura moral. Lo que no debemos hacer es negarlas o imponerlas. Sólo la cordura nos pide abandonarlas o elevarlas a la categoría de conocimiento cuando la evidencia contrastable no deja margen a la opinión.

Teoría de la evolución, teorías de la relatividades, teoría de las supercuerdas… pues eso teorías. No son más que creencias originales y creativas que apoyadas en ciertos indicios se hacen merecedoras de un estudio serio a la luz de la razón científica. Pero la razón científica es algo más que una idea genial apoyada por mil firmas nobles. Una idea no es razonable ni cierta por el mero hecho de oponerse a otra de carácter absurdo. Muchos sentirán vergüenza el día que leyendo tales tratados se den cuentan de que están oponiendo a lo indemostrable lo indemostrado en nombre de la ciencia.

La disyuntiva crédulo escéptico es una polaridad de fanáticos religiosos. La ciencia de antemano duda y si merece la pena observa, estudia, experimenta y ante la evidencia contrastable se apea de opiniones y acepta la verdad.

Si en esta tesitura, alguien inventase técnica o tecnología que permitiese esculpir las nubes. Y llenase el cielo de símbolos e imágenes religiosas. Media humanidad sería presa de una histeria de rodilla a tierra y rosario en mano mientras la otra media diría absurdeces sobre fenómenos atmosféricos, aberración psicológica de la percepción y psicosis por contagio. Pero el cien por cien serían victimas del avezado inventor cuyas buenas o peores intenciones no encontrarían oposición en un mundo polarizado en el fanatismo donde es más importante descalificar al contrario que a sus argumentos y la verdad es relativa respecto a la defensa de mis intereses y posiciones.

Y si me permiten un pequeño guiño-homenaje generacional. Si no quieres ser como ellos lee.

 
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French Kiss

Sábado, 14 de Noviembre de 2009

Las lenguas unen (sobre todo en el beso francés), pero no falta quien se apaña sólo con la suya. Y en Extremadura, además, te enseñan como hacértelo tú mismo.
Entre interpretes, pretorias, esposas de… con quince cargos a cuestas, y lo que se ha llevado crudo Millet, lo sorprendente es que quede algo para gobernar de verdad. Del muro de Berlín a lo complejos de estatura de Sarkozy a la integración o el rechazo del otro. Y hablando de Alemania: ¿el modelo laboral alemán es aquel de Arbeit Macht Frei?

Ir Tirando: favores vendo y para mí no tengo.

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Barcelona 14 de Noviembre de 2009

En el principio era el silencio, y fue así durante mucho tiempo. En una pequeña bola incandescente se creo una atmosfera, donde ya habría sonido, si es que hubiera habido órganos auditivos para escucharlo. Las primeras manifestaciones de vida eran completamente silenciosas, carecían de los órganos necesarios para comunicarse. En un proceso lento de millones de años la vida cambio, y con ella el sonido que usaban para comunicarse. Gorgoteos, aullidos, rugidos, chillidos. En un momento determinado un primate, aun más mono que hombre, señala algo y emite un sonido, desde ese momento cada vez que se refiere a ese algo que señala emite el mismo sonido, y en algún momento más adelante, un compañero reconoce la asociación entre ese sonido y esa cosa señalada. Ha nacido la lengua.

La utilidad de la lengua es evidente, comunicarse, hacerse entender, poder exponer nuestras ideas a otro individuo, ya sea con sonidos, signos o escritura. Lo de menos es en que idioma, lo importante es comunicarse. El ideal, por supuesto, seria que pudiéramos entender cualquier idioma que hablaran los demás, eso o que todos habláramos el mismo. Ya ha habido intentos de crear idiomas para que todo el mundo hablara el mismo, el esperanto es el ejemplo más claro. Pero la lengua es algo vivo que evoluciona por si mismo saltándose todas las reglas, es posible que por eso una buena idea como el esperanto no evolucionara, por eso o por intereses, quien sabe. Culturas poderosas han intentado imponer su idioma en los territorios bajo su control, griego, latín, árabe, castellano, francés, ingles. Pero siempre han visto como el pueblo acababa hablando lo que quería y modificando ese lenguaje, mezclándolo con el suyo, porque el pueblo siempre ha buscado lo mismo, comunicarse.

Ah, pero en un momento determinado la lengua se convierte en identidad, en herramienta política, en arma arrojadiza, y deja de ser solo un vehículo de comunicación. Algún iluminado decide que para él, es más importante hablar “su� lengua, que que la persona con la que habla lo entienda, y es incuso capaz de empecinarse en que si el otro no habla también en su lengua, el no lo entiende, aunque lo entienda perfectamente.

Los oyentes perspicaces ya deben de saber a que viene todo esto. Y es que esta semana se ha producido en el Parlament de Catalunya el penúltimo episodio de esta demostración de estupidez intransigente. Ante la visita de unos nicaragüenses, se pide la traducción simultánea del catalán al castellano y viceversa. El absurdo es total, todas las personas que intervinieron en catalán saben hablar perfectamente el castellano, y además lo entienden también (y la muestra esta en que nadie uso los auriculares, pesa a la esmerada labor de los traductores) Es patético que donde no llega el sentido común tampoco llegue la lógica económica, 1000€ nos a costado la bromita, y lo que es peor, lo que nos costará, porque claro, una vez hay precedentes vete a saber a donde podemos llegar, lo próximo podría ser que tuvieran que llevar siempre un traductor al lado, por si un periodista tiene la osadía de hacerles una pregunta en castellano, me alegraría por el gremio de los traductores, pero lloraría por la carencia de sentido común..

A todos estos trogloditas iluminados, que han convertido la lengua en arma y la comunicación en incomunicación, les digo: No os dais cuenta, pero sois dinosaurios condenados a la extinción, mutad o morid.

 
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Un kilo de magdalenas (proustianas).

Sábado, 7 de Noviembre de 2009

Nostalgia para treintañeros: Google rinde tributo a Barrio Sésamo; mencionamos a David el Gnomo y Àlex acude raudo a la llamada. Y nos preguntamos cuando empezaron a tratar a los niños como a idiotas. Ojo a la nueva campaña de criminalización contra las emisoras libres que se avecina. ¿Queréis nuestras antenas? ¡Venid a por ellas!
Adiós a tres figuras que se han ido esta semana: José Luís López Vázquez, Francisco Ayala y Levi-Strauss. Y una fina disquisición sobre la ausencia de pudor de nuestro chorizos patrios.

Ir Tirando: ¡Qué difícil es ser verde!

Barcelona 7 de noviembre de 2009

Este no lee, este sí lee, este tampoco lee, este si que lee, este tampoco lee, ésta si que lee, si no quieres ser como estos LEE.

Esta nada inocente cápsula que aparecía frecuentemente en el programa “La bola de cristal”, que veía yo religiosamente en mi más tierna infancia, y aquellos sketchs en los que aparecían niños leyendo libros y que siempre acababan con ésta fantástica frase: “viaja con la imaginación, lee libros”,  al parecer influyeron en mi persona mucho más de lo que jamás hubiese imaginado. Entre los recuerdos de mi niñez están aquellos libros que me acompañaron en el viaje a la adolescencia: Mujercitas, Papaíto piernas largas, Esther y su mundo Momo, El fantasma de Canterville. Por fortuna, durante la pubertad mis hormonas supieron comportarse y no me nublaron completamente el juicio y continué leyendo. En mi adolescencia temprana, recuerdo con cariño El guardián entre el centeno, El diario de Anna Frank, Todos los detectives se llaman Flanagan y decenas de libros de Ã?gatha Christie. Pero las hormonas seguían ahí, fastidiando, y una vez desprovista de razón me entregué a imitar a mi hermana mayor y a sus amigas (eso me convertía en un adulto ¿no?). Me gustaba y leía lo mismo que ellas; soy incapaz de recordar los títulos, pero sí algunos autores Dean R. Koontz, Barbara Wood, John Grisham o Mary Higgins Clark. Mentiría vilmente si dijera que no disfrutaba leyéndolos; de hecho, los devoraba. Esta fiebre persistió dos o tres años hasta que, un día, durante la lectura de uno de estos libros, me di cuenta de que todos eran iguales y, lo más importante, no me aportaban nada nuevo, eran simples best-sellers. Pasé algún tiempo sin leer, no me apetecía, estaba desilusionada, tan sólo cumplía con las lecturas obligatorias del instituto y, en ciencias puras, no había demasiadas. Un día, durante la clase de filosofía, el profesor nos recomendó un libro: “El mundo de Sofía” narraba la historia de una joven de 15 años que seguía un curso de filosofía por correo; suficiente para despertar mi curiosidad. Me encandiló irremediablemente y recuperé mi ilusión por la lectura, pero no tenía ni remota idea de qué leer. Así que, un día, me planté en la biblioteca; mi buen juicio me acompañaba y me llevó directamente al reservado de los clásicos. Y allí estaba él Oscar Wilde y su fantasma, no pude resistirme y me lo llevé a casa, otra vez. Empezó entonces mi época clásica que duró relativamente poco. No fue por hastío, ni mucho menos, pero en mi vida irrumpió algo que iba a romperme todos los esquemas: la ciencia-ficción. Y con ella un montón de amigos freakis que me iniciaron en el manejo de naves espaciales hasta que aprendí a teletransportarme sola por insólitos mundos. Posteriormente me dejé abordar por los libros de ensayo, los cómics y mil fantasías más.

¿Justifica esto mi animadversión hacia los best-sellers? Para mí si. En cualquier caso, lee.

 
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