Me pareció ver un lindo corrupto

¿Es la gripe A culpa de la magía negra? ¿O es quizás una Wave de Google? No lo sabemos, pero seguro que detras hay un corrupto o un intermediario, o incluso los dos a la vez.

A nuestros tripulantes les gustaría viajar a Marte, pero por ahora hay que conformarse con la versión rusa, un Gran Hermano de más de 500 días.

Nada se salva de nuestro filo, dentistas, corruptos, políticos, vacunas…

Ir Tirando: tamizamos la realidad.

Barcelona, 21 de noviembre de 2009
Creer o no creer, esa no es la cuestión.
Las creencias, benditas sean, son libres y se aceptan o no a gusto del consumidor según sus propios criterios e intuiciones, y a lo sumo podemos someterlas a un juicio de valor según su belleza y altura moral. Lo que no debemos hacer es negarlas o imponerlas. Sólo la cordura nos pide abandonarlas o elevarlas a la categoría de conocimiento cuando la evidencia contrastable no deja margen a la opinión.
Teoría de la evolución, teorías de la relatividades, teoría de las supercuerdas… pues eso teorías. No son más que creencias originales y creativas que apoyadas en ciertos indicios se hacen merecedoras de un estudio serio a la luz de la razón científica. Pero la razón científica es algo más que una idea genial apoyada por mil firmas nobles. Una idea no es razonable ni cierta por el mero hecho de oponerse a otra de carácter absurdo. Muchos sentirán vergüenza el día que leyendo tales tratados se den cuentan de que están oponiendo a lo indemostrable lo indemostrado en nombre de la ciencia.
La disyuntiva crédulo escéptico es una polaridad de fanáticos religiosos. La ciencia de antemano duda y si merece la pena observa, estudia, experimenta y ante la evidencia contrastable se apea de opiniones y acepta la verdad.
Si en esta tesitura, alguien inventase técnica o tecnología que permitiese esculpir las nubes. Y llenase el cielo de símbolos e imágenes religiosas. Media humanidad sería presa de una histeria de rodilla a tierra y rosario en mano mientras la otra media diría absurdeces sobre fenómenos atmosféricos, aberración psicológica de la percepción y psicosis por contagio. Pero el cien por cien serían victimas del avezado inventor cuyas buenas o peores intenciones no encontrarían oposición en un mundo polarizado en el fanatismo donde es más importante descalificar al contrario que a sus argumentos y la verdad es relativa respecto a la defensa de mis intereses y posiciones.
Y si me permiten un pequeño guiño-homenaje generacional. Si no quieres ser como ellos lee.

Barcelona, 21 de noviembre de 2009

Creer o no creer, esa no es la cuestión.

Las creencias, benditas sean, son libres y se aceptan o no a gusto del consumidor según sus propios criterios e intuiciones, y a lo sumo podemos someterlas a un juicio de valor según su belleza y altura moral. Lo que no debemos hacer es negarlas o imponerlas. Sólo la cordura nos pide abandonarlas o elevarlas a la categoría de conocimiento cuando la evidencia contrastable no deja margen a la opinión.

Teoría de la evolución, teorías de la relatividades, teoría de las supercuerdas… pues eso teorías. No son más que creencias originales y creativas que apoyadas en ciertos indicios se hacen merecedoras de un estudio serio a la luz de la razón científica. Pero la razón científica es algo más que una idea genial apoyada por mil firmas nobles. Una idea no es razonable ni cierta por el mero hecho de oponerse a otra de carácter absurdo. Muchos sentirán vergüenza el día que leyendo tales tratados se den cuentan de que están oponiendo a lo indemostrable lo indemostrado en nombre de la ciencia.

La disyuntiva crédulo escéptico es una polaridad de fanáticos religiosos. La ciencia de antemano duda y si merece la pena observa, estudia, experimenta y ante la evidencia contrastable se apea de opiniones y acepta la verdad.

Si en esta tesitura, alguien inventase técnica o tecnología que permitiese esculpir las nubes. Y llenase el cielo de símbolos e imágenes religiosas. Media humanidad sería presa de una histeria de rodilla a tierra y rosario en mano mientras la otra media diría absurdeces sobre fenómenos atmosféricos, aberración psicológica de la percepción y psicosis por contagio. Pero el cien por cien serían victimas del avezado inventor cuyas buenas o peores intenciones no encontrarían oposición en un mundo polarizado en el fanatismo donde es más importante descalificar al contrario que a sus argumentos y la verdad es relativa respecto a la defensa de mis intereses y posiciones.

Y si me permiten un pequeño guiño-homenaje generacional. Si no quieres ser como ellos lee.

 
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