Estoy más que harto, y no pienso seguir soportándolo
Sábado, 30 de Enero de 2010Gota a gota el vaso se va llenando, y al final pasa lo que pasa, que rebosa. El gobierno planea jubilarnos a los 67 años, y discutir sobre como protestar contra eso nos ha llevado casi todo el programa. ¿Deberíamos usar la red? ¿Deberíamos tomar las calles? ¿Deberíamos dejar de consumir, de producir, no salir a la calle?. Lo que parece claro para nuestros oyentes es que algo hay que hacer, porque si no, ¿qué será lo siguiente?
Ir tirando: Hasta los…si, justo ahí
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Asumir, ahora que el secreto se desvela, la propia condición de uno es el camino a la paz y la felicidad para toda una generación.
Antes, yo vivía presa de la ira y la indignación, porque intuía con claridad que una oligarquía me trataba como a simple populacho y mercancía sujeta a sus intereses. Ahora esto ha dejado de ser así.
Antes, cuando el populacho eramos conscientes de semejantes tejemanejes, entrábamos en sus castillos y salones de espejo y hacíamos una verdadera escabechina y no dejabamos noble con peluca. Pero ahora que los nuevos tiempos me llevan de intuirlo a verlo con meridiana claridad, ahora se que mi catalogación como chusma era una deferencia cariñosa hacia mí porque lo que soy realmente es un perro comemierda.
Ahora todo sucede frente a mis narices; políticos, industriales y banqueros crean estafas monumentales se dividen los beneficios y me piden que pague los platos rotos; los científicos, políticos y farmaceúticos juegan con mi salud mientras sus cuentas corrientes, los descapotables y los grandes puestos ejécutivos les crecen como las setas y nos dicen que ha sido por el desvelo en cuidar de nuestro bienestar; tres cuartos de lo mismo en cuanto a la ecología cuyo problema más acuciante siempre es aquel que las empresas del lobby de turno puede solucionar por una cantidad geológica. Si el equilibrio natural está en peligro obviamente no es por sus empresas como campos de fútbol con sus desagües y chimeneas ni por los millones de litros de queroseno que impregnan las ciudades aeroportuarias es porque yo he tirado de la cadena o me he puesto la estufa en invierno.
Así, cuando uno toma consciencia de que la propia capacidad de rebelión se limita a tomar las calles si mi equipo de fútbol bajase a segunda y sin embargo cuando me hablan del compromiso con las generaciones futuras, para imponerme leyes draconianas, mientras a las actuales las dejan morir por millones y voy y me los tomo en serio, es cuando empiezo a desarrollar la capacidad de rascarme la oreja con la pata y darme lengüetazos en los huevos.
Es la ley de la sumisión, un secreto velado durante siglos por mil logias; no es más feliz el que más tiene si no el que menos necesita y si asumes que eres un perro comemierda con unos buenos amos y mierda en abundancia tienes la felicidad garantizada.
Es como decía mi madre “lo bueno de que la vida sea una gran mierda para nosotros, es que siempre sabes la parte que te va a tocar”

